La revista El Crisol no se parece a ninguna. Esta hecha de trozos de historias, de retazos de sentimientos, de las cosas pequeñas y cotidianas. Aparecen las noticias que en una gran parte de los casos, no salen en los grandes medios de comunicación. La revista El Crisol no proyecta informar, sólo es el cuaderno de bitácora de un puñado de vecinos que se afanan en vivir sus vidas día a día.
Sus colaboradores no pretenden ser grandes eruditos, sólo contar sus historias, que se pierden en los albores de sus memorias o que buscan la necesidad de comunicar a los demás. Es casi lo insignificante para el mundo lo que es importante para esta publicación. Esta revista, en definitiva, tiene vida porque hay mucha gente que quiere que siga viva, y yo no pienso defraudarles.